La oceanógrafa Azul Gilabert participó de una excursión internacional del Programa Antártico Brasilero, cuya base es una de las más modernas. Los experimentos son clave para anticipar los efectos del cambio climático en el resto del planeta.
“Siempre fue mi sueño conocer la Antártida pero no fue hasta ahora que creí que podía hacerse realidad”, contó la oceanógrafa bahiense Azul Gilabert, luego de participar de la campaña del Programa Antártica brasileño (PROANTAR).
Un mes rodeada de hielo, pingüinos, rocas, viento gélido, focas, montañas blancas, sensación térmica de 0 grados a 14 grados bajo cero, aves de todo tipo, expediciones en lancha, ballenas, experimentos en laboratorios de último nivel, en el continente más austral del mundo. “Fui muy feliz”, resumió en sus redes sociales., con una postal desde el refugio antártico.

La vista desde su refugio.
La docente de la carrera de Oceanografía de la UNS e investigadora del CONICET participó entre febrero y abril de la expedición. Única argentina del contingente, realizó experimentos en la base Comandante Ferraz, una de las más modernas del continente blanco.
“Es un gran orgullo formar parte del equipo que realiza estudios en uno de los ambientes más sensibles al cambio climático. Este tipo de experiencias pone en valor la ciencia y el trabajo articulado entre instituciones, así como el rol de las universidades en la formación de profesionales capaces de contribuir a problemáticas globales”, sostuvo vía mensaje, mientras regresa a nuestra ciudad.
Invitada por el Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo — por el trabajo que realiza junto con la investigadora Celeste López Abbate–, Azul integró el equipo de 20 científicos que llegó hasta la base, junto con 17 integrantes de las Fuerzas Armadas brasileñas (que se quedarán hasta la primavera).
“La expedición se basa en muestreos para conocer cómo los microorganismos marinos regulan el ciclo del carbono. Se toman restos y se analizan. Por su alta sensibilidad a las variaciones ambientales, la Antártida actúa como un indicador temprano de cambios globales, permitiendo detectar y comprender procesos que impactan en todo el planeta”, definió.
La travesía comenzó el 4 de febrero y culminó el 12 de abril. Incluyó un “despliegue de embarcaciones, destacamento aéreo, buques de carga, navío de investigación, helicópteros, aviones de apoyo y aviones de carga. Viajamos en un vuelo C-105 hasta la Antártida, donde estuvimos un mes, y volvimos en un navío polar a Río de Janeiro. El trabajo en equipo es fundamental” contó.
“A través de muestreos y experimentos in situ, se busca aportar conocimiento clave sobre los procesos biogeoquímicos”, explicó.

Azul es licenciada en Oceanografía y doctoranda en el Instituto Argentino de Oceanografía (IADO-CONICET-UNS), con una tesis titulada “Acoplamiento entre virus, bacterias y fitoplancton en la plataforma patagónica argentina y su efecto en el ciclo de carbono”. Tiene 31 años y es docente de las carreras Tecnicatura y Licenciatura en Oceonografía, del departamento de Geografía y Turismo de la UNS
Debido a su sensibilidad a los cambios de temperatura, los científicos han estudiado durante décadas la evolución de las masas de hielo de la Antártida para entender mejor los efectos del calentamiento global, porque los núcleos de hielo actúan como archivos naturales del clima pasado.
La base Comandante Ferraz se reconstruyó luego de un incendio de 2012, con una inversión millonaria del presupuesto brasilero. Está ubicada en la isla Rey George, tiene modernos laboratorios y uno de los equipamientos más avanzados del mundo para el desarrollo de investigaciones científicas.
Brasil, que ha desarrollado en las últimas cuatro décadas estudios en la Antártida en las áreas de biología, oceanografía, meteorología y antropología, entre otros, es uno de los 29 países que posee estación científica en el continente blanco.
Junto a la doctora Valeria Guinder, Azul participó en octubre de la expedición marina del buque estadounidense Falkor (too) del CONICET, para investigar los cañones Bahía Blanca y Almirante Brown frente a las costas de Río Negro y Chubut.





