Oriundo de Salta, Alejandro trabajó en una verdulería y vendió empanadas para costear sus estudios hasta que obtuvo una beca y logró recibirse de Ingeniero Mecánico. Es el primer universitario de su familia.
Hace ocho años, Alejandro Rodríguez dejó atrás el calor de Orán (Salta) con una mochila cargada de incertidumbre y el sueño de ser el primer universitario de su familia. Entre el cansancio de atender una verdulería, la venta de empanadas y la distancia de los suyos, el camino parecía volverse cuesta arriba. Sin embargo, este joven de 26 años demostró que, cuando el esfuerzo individual se encuentra con el respaldo del Estado, no hay techo: hoy es ingeniero mecánico y su historia es el testimonio de una vida transformada por la educación pública.
“Gracias UNS, me cambiaste la vida. Ojalá puedas seguir cambiando tantas más en el futuro”, contó en sus redes al rendir la última materia de Ingeniería Mecánica y convertirse en el primer universitario de la familia.
Alejandro nació en Orán, Salta, hace 26 años. A los 18 se mudó a Bahía Blanca, a la casa de la familia de un amigo, y comenzó la carrera en la Uni. “Los primeros años no fueron fáciles. Trabajaba en una verdulería, vendía empanadas, y cada vez me costaba más estudiar, me atrasé mucho.
En 2020 recibió una beca de Bienestar Universitario de la UNS y al año siguiente fue beneficiario del Programa Nacional de Becas para Carreras Estratégicas “Manuel Belgrano”. Eso le permitió dejar de trabajar y concentrarse completamente en las clases.
“Pude volver a dedicar todos mis esfuerzos al estudio. Ahí empecé a rendir finales, a avanzar en la carrera y a colaborar en los gastos con mi mamá, que había sido siempre mi principal sostén”, contó. A partir de ese momento su rendimiento académico mejoró notablemente y logró ponerse al día con la carrera.
En 2024 ingresó al Grupo Techint a través del programa de Prácticas Educativas de Verano, una experiencia que le permitió vincularse con la industria un año y medio antes de recibirse.
“Si no fuera por la UNS no hubiera tenido la oportunidad de llegar a este gran programa y todas las oportunidades que brinda”, aseguró. Destaca que la Universidad no solo le dio una formación profesional, sino que también cambió su manera de ver el mundo. “La universidad me abrió la cabeza. Los profesores, las materias y el grupo humano que me acompañó hicieron que pudiera crecer muchísimo, tanto académica como personalmente”, afirmó.
“Mi familia no podía pagar una educación privada. Sin lugar a dudas, no hubiera llegado a donde estoy sin la universidad pública”, agregó. Hoy Alejandro trabaja en Ferroexpreso Pampeano como Supervisor y, además, es Ayudante de Docencia en la materia Introducción a las Ingenierías, de su carrera.
“Ser docente es una forma de devolverle a la universidad pública un poco de todo lo que me dio y de ayudar a otros estudiantes que, como me pasó a mí, llegan con muchas ganas, pero también con muchas dificultades”, concluyó.
Para la última materia, llegaron su padre y su abuela desde Orán, su madre y su abuela desde Santa Cruz. Se reunieron con sus compañeros de estudio (ahora amigos) y su novia Cristina, para festejar el logro.
“¡Qué viva la Universidad Pública, gratuita y de calidad!” cierra su posteo Alejandro. La foto de perfil de su whatsapp es en la UNS.



